Tlaskamati

jueves, 29 de abril de 2010

NIÑO LOCO, VATO LOCO: El tatuaje de las emociones.




Se subieron en una avenida como dicen algunos: populacha. Eran dos jóvenes de choque, que nadie desea encontrarse en un paraje solitario. No, Ulises Ruiz no; tampoco era Calderón, menos Peña Nieto.
Me hice a un lado, para que pasaran de largo; al fondo del camión….jóvenes tatuados que exhibían sus heridas y silencios. Conversaban del tema de moda, aunque no muy preocupados: buscaban jale (trabajo) decían.
Tal vez tu papá te de jale, ahorita le está yendo bien en el taller- les decía, una tercera persona que los había reconocido.
De pronto sube una chica cargando a dos peques: una niña como de 4 añotes, un lindo bebé de unos 3 abriles y ella; la Madre, no pasaba de los veinte.
No tardó uno de los jóvenes en acercarse a ellos, la niña reaccionó tímida, el niño sonriente y la joven madre; sorprendida.
Los afectos familiares, son sagrados en todos los niveles y recordé la expresión del Mayo Zambada (narcotraficante sinaloense) cuando Don Julio Scherer le pregunta sobre su hijo Vicentillo y la respuesta del Mayo: Me duele…
Observando a este muchacho, ex convicto tal vez; acercarse a los pequeños, mirarlos con vehemencia, besarlos. Con el brillo de su mirada postrándose emocionado.

Les mostró una foto que doblada en cuatro partes traía consigo en la cartera, con leyenda del cruz azul. Una cartera llena de tesoros, pero contradictoriamente vacía.
Y terminó enseñándoles también unas fotos pequeñas, extraídas de esos compartimientos secretos.
Los niños ya no se rehusaban, inclusive el pequeño se dejó cargar sin temor. Serán sus sobrinos? Los hijos de una amiga muy querida? Porque era evidente la cercanía que este soldado de las calles mostraba.
Serán sus hijos tal vez?
Quise descifrar lo que decía uno de sus tatuajes, en el brazo izquierdo, con letras góticas; y solo alcancé a leer: JESY.
Se despidió antes de bajar, besando a los niños sin perder la efusividad y comprendí todo, cuando quiso besar a la joven en la frente; como algo sagrado. Ella lo rechazó girando la cara.
Aun así, ella había permitido la breve convivencia del vato loco, con los niños…el abrazo, la caricia, el estímulo que tal vez el no tuvo…

El segundo joven se despidió respetuoso de ella y también de los niños y dijeron en la esquina: bajan!


Doropeatón