Tlaskamati

viernes, 17 de septiembre de 2010

Un Matamoros frío, el personaje...la Ciudad incendiada

Para la conmemoración del Bicentenario se ha fomentado el fervor patrio de la población a través de las escuelas, la radio, la televisión, el cine, los periódicos, las revistas… La exaltación ha creado un mercado propicio para el consumo de múltiples bienes nacionales, entre otros de libros. Las editoriales y escritores sensibles a la demanda se han dado a la tarea de rescatar y reinterpretar hechos y personajes de esas épocas. En librerías es posible encontrar colecciones de cuentos, novelas, textos históricos, biografías, ensayos, historietas y hasta conversaciones ficticias con héroes y villanos. Dentro de este acervo está la obra de Silvia Molina: Matamoros. El resplandor en la batalla (editorial Grijalbo. México, 2010. 216 pp).

La narración versa sobre la vida de Mariano Matamoros, uno de los principales insurgentes y apoyo fundamental de Morelos, y es contada por el hijo del cura rebelde. La historia recupera su nacimiento, infancia y juventud. Luego el ordenamiento como sacerdote y posterior incorporación al ejército insurgente en 1811. Después trata de su papel como organizador de las huestes rebeldes a las que uniforma y disciplina de manera rígida, así como dota de pertrechos a través de la creación de fábricas de armamento que lo llevan a controlar parte de la región sureste del país. Posteriormente aborda su derrota y captura por las fuerzas virreinales, en la hacienda de Puruarán, y finalmente presenta el juicio al que fue sometido y fusilamiento en Valladolid el 3 de febrero de 1814.

La novela de Silvia Molina destaca porque recupera una de las figuras de la Independencia poco atendida como la de Matamoros y subraya su función organizativa, que les dio importantes triunfos a los rebeldes. Además precisa que su nacimiento no ocurrió en Tlaxcala sino en la Ciudad de México, y careció de hijos, el que se le atribuye fue adoptivo. También acentúa su lealtad a Morelos y honestidad, al no oficiar ningún sacramento durante la lucha.

Sin embargo, el apego a la historia de la autora provoca que la trama en determinados momentos se vuelva una relación de guerra. También que no recurra a la imaginación para recrear las emociones que embargaron al héroe en su vehemente participación. Por otro lado, el abuso que hace de los imaginarios apuntes y cartas de Matamoros para explicar sucesos y posiciones vuelven tirante la exposición. Las anteriores restricciones suscitan que el relato esté más cerca de la narración histórica que de la literaria.

Matamoros es una novela dispar que, dado el carácter del personaje, exigía más creatividad y pasión para profundizar sobre sus motivaciones. Además la preponderancia, por parte de la autora, de una calculada razón la vuelve una crónica plana y fría.


Un Matamoros frío
Jorge Munguía Espitia

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