Tlaskamati

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Mi padre es un campesino nahuatlaca.



He hablado mucho con él a últimas fechas. Viejos nos hacemos todos, él y yo no somos la excepción y volteamos la mirada para descubrirnos como pares.

De entre las pláticas, además del amor que nos tenemos, surge siempre el tema al que me he dedicado los últimos años, es decir, investigar, intentar hacer medios de comunicación y meter el tema indígena en los que son masivos. Él se ríe de mi, dice que eso nunca va a pasar de llamarada de petate yo sólo sonrío para él, aunque dentro de mi conservo la esperanza.

Una de nuestras pláticas últimas se refería al maíz, alimento sustancial para nuestro pueblo. Le dije que ahora el gobierno ya dio permiso para que se pueda modificar genéticamente. Intrigado me preguntó que qué era eso. Pues, los científicos van a buscar la manera de mejorarlo, semillas que sirvan mejor para los distintos climas de México, cuál es mejor para hacer palomitas, para el pozole y los tamales.

Entonces don Berna como le digo me cautivó, como suele hacerlo a últimas fechas, con su risa al decirme: Ah que los científicos, siempre queriendo apropiarse de lo que ya está conocido. Si quieren saber cuál maíz es el bueno pal tamal que le pregunten a tu mamá (la nostalgia puesta al servicio del recuerdo, mi madre murió hace una tercia de años), si quieren saber cuál maíz se siembra para cuando hay seca o mucha lluvia que me pregunten a mi.

Yo me quedé pensando que tiene razón pero no me dejo pensar mucho. Me siguió diciendo. Que sus abuelos ya sabían, que no hace falta meterle químicos, que el maíz nace junto a la playa y en las alturas junto al café, que lo mismo hace tesguino que sende, que hay que saber escoger qué grano para cuál atole, que hay que saber cantarle, porque, me dice, al maíz se le canta, se le pide, de ahí hicieron al hombre y a la mujer, que por eso tienen los colores de los hombres, que hay como cincuenta especies y de ahí se hacen infinidad de tamales para distintas ocasiones. Tamal para muertos con ajonjolí, tamal con frijol silvestre y cilantro, Zacahuil grande para fiesta grande, chabacanes para el lonche de los pobres.

Masa para el ataud porque, me dice, a la mujer que mató mucho pollo le va a hacer falta para cuando pase por el Mictlán, les va a tener que dar de comer porque si no la van a picotear…y entonces que se acuerda de mi mamá y que se le empieza a hacer agua el ojo y que me dice, ya ves lo que significa para mi el maíz, ya hasta me hiciste llorar. Y se puso a llorar por el maíz y yo me quedé pensando que sí, que lo que está en juego al momento de meterle mano al maíz es lo que significa para el grupo que lo domesticó, que lo colmó de mitos otorgándole un valor cultural a su gran descubrimiento científico.


El maíz es pues de los pueblos indios, siendo de ellos su mayor aportación.


Tlaskamati miak ti mo melauan pan kaxtoli tonati xij kaua ma kueponi mo tlajtol.

Mardonio Carballo

domingo, 29 de noviembre de 2009

Arrebatos de Juana Inés de la Cruz



Hombres Necios que acusáis a la décima musa sin razón!
sin ver que sois la ocasión, de lo mismo que culpáis...

sábado, 28 de noviembre de 2009

El matiz

Mardonio Carballo
(Las plumas de la serpiente)

Es como un relámpago. Laberinto de varias salidas. Sin embargo emprendemos el camino largo: el aprendizaje es lento pero siempre con señales contundentes. El hombre, desde sus entrañas, quiere tropezar, caer y golpearse con la misma piedra hasta la patología.

En su caída derriba el castillo de naipes que la humanidad, en su aglomeración, ha logrado construir. Frágil vuelve a comenzar. Pero aunque suene rebuscado y afanosamente optimista, el cero es ya una ganancia. La invención del principio, la invención de la rueda. Lo importante es el trayecto. Eso es el hombre, sus huellas, hasta el fin y hasta el principio. Hasta la patología. La historia se escribe a varios pies, a varias manos. Negros, amarillos, blancos y rojos son sus colores y sus habitantes. Dientes de maíz que se contagian para crear razas nuevas. De ahí el matiz. El canto alegre y profundo. El balido de becerro huérfano. La fiesta sonora y la diatriba. La liebre huyendo y el cazador. Todos somos el canto, el lamento, el becerro sin madre, la fiesta perpetua y el denuesto. Matices. Ecos de un llanto lejano que no sabe cómo curarse, que no sabe que el llanto tiene otra cara. La risa loca desbocada ignora que del otro lado del mundo las lágrimas llenan el mar donde los delfines se echan a dormir. Delfines tristes que saltan, alegres en apariencia, para suscitar la felicidad de aquellos que los mirar danzar. La muerte está en camino, quizá… pero aún hay vida.

Una estrella cayó al mar y se inundó por completo. Un hombre cayó a la tierra y la destruyó. Sacó su sangre disfrazada de petróleo y contaminó con ello el cielo de donde vino. Secó sus aguas, las puso en botellas que vendió al mejor postor. Mató a sus hermanos de sed. El cazador, al final de la historia, encontró a la liebre y de ella hizo abrigos. Secó su carne al sol. La carne que sobró de su placentera comida la tiró al río. Del otro lado del planeta unos niños murieron de inanición. Mientras tanto la estrella se hizo de agua y sigue viva.

Un hombre cayó, ciego, en un cofre de oro. Supo entonces, soberbia de por medio, que ese era su modo de vida. Pensó incluso que se lo merecía. Y en un arrojo de benevolencia se dedicó a cortar una moneda en cachitos que repartió entre los niños hambrientos. Tiró trozos de oro entre sus pies. Ellos se volvieron perros… y hombres …y aullaron, afilaron sus dientes y se destrozaron entre sí. Pasado el tiempo, el cofre sigue lleno, a buen resguardo. En Suiza o las Islas Caimán se conoce muy bien esta historia. Este hombre mientras tanto, se hizo de sus fieles perros y los entrenó. Ellos resguardan al cofre y al hombre. El cofre —sólo como apunte— lleva una inscripción: México. Hay quienes lo vieron y están al tanto del hurto. La paciencia se entrena también.
Pero —y vuelvo a recurrir a la historia— los hombres tienen miedo de sí mismos. Tienen miedo de confrontar a aquellos que han agraviado. Les exigen poner la otra mejilla y por lamentable que parezca, tampoco tienen que hacerlo, hay mejillas dispuestas a recibir el otro golpe, el largo castigo de la penitencia. Un hombre o varios cayeron a la tierra expulsados de un paraíso de cuento. Creyéndose hijos divinos hicieron, a su vez, del resto de los hombres hijos. Eso pasó hace tiempo y murieron ya en el camino. Pero —los reinos son perpetuos hasta su caída— dejaron representantes aquí. Huérfanos y arrojados a un mundo inclemente, creímos en ellos. Y ellos a su vez asumieron el poder de la fe que les dimos. Y lo usan. Sabido es que algunos entonan una canción que llega a las alturas de los castillos y entre cenas de velas y vinos arreglan las culpas del dueño del cofre, mientras él sigue repartiendo sólo cachitos de oro. Aunque la historia no es lineal. Y hay algunos representantes de la fe que hacen lo que deben hacer. Lo hacen y su voz es como un relámpago en la oscuridad que nos consume en este sueño permanente. La advertencia está hecha: si no se cuidan serán expulsados del reino. Eso es el hombre, un animal tropezando y cayendo. La enseñanza es contundente pero su aprendizaje es lento. Animal de mucho cerebro que actúa en detrimento de sí mismo. Dientes de maíz que se mezclan y crean masanueva que no pueden ver los ciegos que regalan la tortilla dura y el garrote. Hijos sin padres que caminan intentando convencerse del “destino” a sabiendas que debería ser otro. Pero aun ciegos buscamos el camino. El cofre debería ya ser abierto —México y el mundo no aguantan más— y el oro repartido; los perros deberían darse cuenta ya que la carne de los suyos les envenenará la sangre y se irán pudriendo, a pesar de tener su cachito de oro bajo la lengua, pensando que ese es el remedio. El veneno está ahí y nos fermenta a todos. Los que caminan delante de esta historia, aquellos a los que les tocó más, deberán reconocer su miseria. Abrir los brazos sólo puede generar alas. Deberán ser ellos los que en un arrebato de amor quiten las vendas. La exigencia de un mundo mejor deberá venir de ahí. El cero es ya una ganancia. La invención del principio, la invención de la rueda: el matiz.

Tlaskamati miak

jueves, 26 de noviembre de 2009

Miseria...miserable bandera de miserables!




Libro de Contralínea: Morir en la Miseria



* La CEPAL confirma la pobreza extrema
* Gobiernos panistas provocan el deteroiro
* La OCDE estima recuperación hasta 2012



Cuando la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) dio a conocer que México fue el único país de la región en la que se registró un empeoramiento en la situación de la pobreza, con un incremento de 3.1 puntos porcentuales entre 2006 y 2008, lo que refleja los primeros efectos de la crisis económica que se empezó a manifestar hacia fines del año, la falsedad de los discursos de los partidos políticos y la manipulación desde el Poder Ejecutivo de la miseria que lacera al país quedaron al descubierto ante el mundo.
El organismo multilateral de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) definitivamente no tiene agenda política que defender y los resultados de su más reciente investigación colocan en el ojo del huracán la crisis de las políticas públicas asistencialistas en el país, pero sobre todo el fracaso y el desastre de un modelo económico que ha colocado a México al borde del precipicio sino es que ya está en el fondo del barranco.
La exposición de la mexicana Alicia Bárcenas, secretaria ejecutiva de la CEPAL, es impecable: después de la década perdida los países de América Latina y el Caribe comenzaron a observar un avance en el combate a la pobreza; es más, con el crecimiento histórico – por cierto – que vivió la región, también los pobres comenzaron a verse beneficiados; incluso la concentración de la riqueza comenzó a ceder. En México, por ejemplo, después de la devaluación de 1994 y más de una década de aplicación de programas sociales, administrados políticamente, los números de la pobreza comenzaron a lucir menos ofensivos para una sociedad caracterizada por la polarización del ingreso y la corrupción.
Pero la triada de crisis: la alimentaria, la financiera-económica y la política, develó que México no está aplicando políticas de fondo y estructurales para combatir la pobreza, y que la información oficial no estaba reconociendo este fenómeno. De acuerdo con la CEPAL, entre 2006 y 2008 aumentó la pobreza, la indigencia y la llamada indigencia sin alza de alimentos. Un panorama muy diferente vivieron países como Brasil, Uruguay, Perú, Costa Rica y Venezuela, en donde estos indicadores cayeron.
Pero ¿qué sucedió con México durante estos años? ¿No fue acaso este periodo el que se se caracterizó por el histórico ingreso de recursos provenientes de los excedentes petroleros? De hecho, la cifra de esa bonanza petrolera frente a los resultados en el combate a la pobreza genera suspicacias: el país recibió más de 100 mil millones de dólares y la pobreza aumenta tres puntos porcentuales. Alguien falló definitivamente y los responsables de la Secretaría de Desarrollo Social definitivamente tienen que rendir cuentas, porque mientras la pobreza aumentó la disparidad en el ingreso se elevó.
Otra vez la CEPAL es contundente en su informé sobre la pobreza en América Latina: México fue el único país que presentó una clara tendencia al deterioro distributivo, con un aumento de 1.2 puntos en la brecha entre quintiles. Entre 2002 y 2008 se apreció una significativa reducción de la desigualdad en la distribución del ingreso en la región. En este período en siete países (de los 18 analizados) disminuyó la desigualdad, mientras que en sólo tres aumentó. México es uno de ellos.
De esta forma, la pobreza en México está perfectamente ubicada y, como la riqueza, tiene rostro y cifras claras. Sin embargo, los gobiernos federal, estatales y municipales se niegan a verlos. Pareciera que la decisión es simplemente declarar a 50 millones de mexicanos inexistentes.
Pero igual como pasó con las declaraciones de los premios nobel de economía, en donde políticos y funcionarios del gabinete calderonista salieron a rechazar y mofarse de los análisis de los expertos extranjeros, no faltará algún panista que en la semana que hoy inicia rechace el informe de la CEPAL, baste decir que también la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) advierte que podría ser hasta 2012 cuando México pueda recuperar algo del deterioro en que lo han metido los últimos dos gobiernos panistas, los de Vicente Fox y Felipe Calderón.
En 2003 los reporteros de la revista Contralínea iniciaron un recorrido por las zonas más pobres del país en seis municipios clasificados por las estadísticas gubernamentales como los de menor Índice de Desarrollo Humano. Allí, hace seis años, confirmaron los descrito aquí: los programas sociales del gobierno foxista –la administración que recibió miles de millones de dólares por los excedentes petroleros– nunca llegaron a su destino, lo que provocó, como ya confirmó la CEPAL, la pobreza se profundizara.
Cuando en 2006 la entonces titular de la Secretaría de Desarrollo Social, Josefina Vázquez Mota, ahora líder de la bancada panista en la Cámara de Diputados, escribía una capítulo más en su carrera política desde el despacho responsable de atender a los pobres, la historia de la pobreza ya estaba escrita. Por ello, diferimos de la tesis de la CEPAL que asegura que fue la crisis alimentaria y económica la que provocó en México el deterioro de la pobreza: no, es la corrupción gubernamental en complicidad con la iniciativa privada lo que ha motivado mayor pobreza en el país.
México ahora, tan sólo con datos del área urbana, se ubica en el ominoso grupo de países con niveles de pobreza media-alta que incluye a Colombia, Ecuador, México, El Salvador, Perú y República Dominicana, con tasas de pobreza de entre 35 y 50 por ciento. Varios municipios y poblados mexicanos están clasificados en las listas de Naciones Unidas como los más pobres del mundo, apenas iguales a los de la África subsahariana, países con las tasas más altas de pobreza e indigencia.
Morir en la Miseria
Bajo el título Morir en la Miseria, publicado por editorial Océano, empieza a circular esta semana un libro integrado por 15 crónicas periodísticas sobre igual número de poblados sumidos en la pobreza extrema y hasta donde los cacareados programas sociales nunca llegan. Este libro, que recupera las investigaciones realizadas por reporteros de la revista Contralínea, confirma que las administraciones de Fox y de Calderón simplemente olvidaron a aquellos mexicanos en las zonas más alejadas del país, en las regiones montañosas, pantanos y laderas, a donde no llega la televisión y, sí acaso, algunos políticos los visitan para tomarse la foto en busca de votos electorales.
Dice la CEPAL que en América Latina no puede declararse otra década perdida, pero en el caso mexicano es claro que sí se perdió mucho. La titular de la CEPAL, Alicia Bárcenas, sugiere el replanteamiento de los programas de protección social con una visión estratégica de largo plazo y medidas que sepan aprovechar el capital humano y resguarden el ingreso de las familias y los grupos vulnerables.
En México, mientras tanto, se sigue haciendo política partidista y electorera con el presupuesto para simular apoyos a estos grupos vulnerables, a quienes se destinan miles de millones de pesos y nunca les llegan por la corrupción y el desvío de recursos públicos inmersos en una engorrosa estructura burocrática administrativa.
Así, las enfermedades de la pobreza y la violencia se arraigan; la educación languidece y simplemente no llega a los más pobres, la corrupción gubernamental crece día a día y la polarización del ingreso aumenta de la mano de la concentración económica y el poder en sectores clave de la economía como las telecomunicaciones, los servicios bancarios, los autoservicios, por sólo mencionar algunos.
Es un hecho, que el aumento proyectado en la pobreza para 2009 retrasará el cumplimiento del primer Objetivo de Desarrollo del Milenio (erradicar la pobreza extrema y el hambre para 2015): de 85 por ciento de avance que registraba la región en esta materia, en 2008 se caería a 78 por ciento en 2009.
Se espera, agrega el organismo multilateral que ha criticado la persecución a toda costa de objetivos como el control del déficit público, que algunos países experimenten incrementos en sus niveles de pobreza e indigencia mayores al promedio, como por ejemplo México, con una reducción del PIB y el deterioro de la situación de empleo y salarios. Nosotros agregaríamos: “…debido a la corrupción y al domino de los más ricos sobre la economía”.
Entre los gobiernos de la región, reconoce otra vez la CEPAL, se han realizado importantes esfuerzos por aumentar el gasto social. Entre 1990 y 2007 el gasto público social por habitante pasó de un 43 a un 60 por ciento del gasto público total promedio de América Latina. ¿Qué sucedió entonces con México? ¿En qué se aplicaron dichos recursos?
Entre los pobres y los indigentes del país, como lo confirma Morir en la miseria, no hay futuro. La investigación periodística ratifica lo dicho por la CEPAL. Un segundo recorrido de los reporteros de Contralínea, que inició en el segundo semestre de 2007 y concluyó en el primer semestre de 2008, con visitas que se aplicaron a 15 demarcaciones (más de 21, en total), se obtuvieron testimonios de un viaje migratorio de los mexicanos sin futuro en busca de alimentación y vivienda. Ellos se olvidan, por lo tanto, de educación y de salud, lo cual se traduce en una criminal espera de la muerte. El Estado, estamos seguros, tiene una responsabilidad clara y contundente que no está cumpliendo con la mayoría de los mexicanos.
Ese recorrido de los reporteros investigadores de Contralínea abarcó 14 municipios de los estados de Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Veracruz y Chihuahua. Dichas regiones, se confirmó, mantienen índices de pobreza similares a los del África Subsahariana, según estudios del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Sin embargo, no son los únicos que padecen los estragos del empobrecimiento sostenido y, como allí se relata: 125 municipios en México están a punto de ingresar a la deshonrosa lista de los poblados más pobres del mundo. Con estos datos nos preguntamos cuáles son las prioridades que defienden los legisladores cuando analizan la distribución de los egresos: ¿los sueldos de la alta burocracia? ¿Las obras de infraestructura vistosas y políticamente convenientes? ¿De qué hablarán?


miércoles, 25 de noviembre de 2009

Definiendo una "Guerra" a la Mexicana!

El Filó-sofo Luis de Alba hace alarde de su picardía y acentúa una realidad...cualquier coincidencia con los apellidos es mera coincidencia....

jueves, 19 de noviembre de 2009

Revolución Mexicana - "Si vemos a los tiranos muy alto es que los vemos de rodillas...levantémonos! R.Flores Magón"

Además del amor por México y la ilusión de una nación mejor, el general Francisco Villa tuvo otro gran amor y fueron las mujeres. Apasionado, responsable, tierno, carismático, así lo muestra la escritora y nieta del Centauro del Norte, Rosa Helia Villa, en la novela Itinerario de una pasión. Los amores de mi General Villa. En las páginas “sacude las sábanas” de su abuelo para contar 18 historias de amor fascinantes, que serán llevadas al cine en una película que se estrenará el 20 de noviembre de 2010.
La narración de los romances del general comienza en su funeral, el 20 de julio de 1923, en el hotel de Hidalgo del Parral, Chihuahua, ocasión en la que se reúnen tres de sus mujeres, entre ellas Luz Corral, el “gran amor” de Villa, según la autora, y tomando té de flor de la pasión, tienen alucinaciones de los amores que ellas no conocían. A partir de este suceso aparecen uno a uno sus romances, que atrapan al lector y desnudan el corazón del personaje histórico.
“Sentí una necesidad de presentar a un Villa distinto al épico, al mítico, al gran general, al que hizo la Revolución. Fue doloroso, porque no tenía derecho a meterme en las sábanas de mi abuelo. Pero me metí a sus amores con respeto, porque soy la nieta, y creo que lo logré. Creo que era necesario conocer la intimidad de este símbolo”.
A pesar de haber tenido 18 esposas, todas las historias fueron tristes, porque Villa no fue un hombre feliz, “no tuvo tiempo”. A ninguna le prometió más de lo que podía darle, pero se casó con todas y a todas les puso casa. Con quienes tuvo hijos, que la autora cuenta 14, les dio su apellido y fue un padre responsable.
De acuerdo con Rosa Helia, quizá una de las razones por las cuales el general tuvo tantas mujeres fue porque en algún momento estuvo protegido por las comunidades mormonas de Chihuahua. Si bien en el siglo XIX la poligamia en los mormones ya había desaparecido, quizás Villa hablando con ellos encontró alguna razón o un fundamento lógico para tener más de una esposa.
Sin ser guapo, ¿qué encontraban las mujeres en el general? Un tremendo carisma, dice la autora. “Yo lo imagino fascinante para hombres y mujeres. La prensa europea lo llamaba el Napoleón americano por el vínculo que formaba con sus soldados, él era uno más, iba al frente en las batallas. Cuando (Alvaro) Obregón echa a andar la leyenda de que robaba y violaba mujeres, digo, ¡por Dios!, qué necesidad tenía un hombre de 35 años, poderoso, atractivo, con carisma. Más bien decía: ‘¡cómo me las saco de encima!’.
“Villa era un hombre tierno, en el libro se descubre que tenía una pasión tremenda por la educación. Becó a muchos jóvenes a colegios militares en Estados Unidos. Le dolía ver a los niños de la calle, y gracias a Villa lograron encaminar sus vidas, incluso algunos hicieron testimonios de gratitud.
“Fue un hombre que llegó al mundo con el propósito de buscar un mundo mejor, más oportunidad para toda la gente. No lo logró, pero dejó la vida en el intento. Quería dar oportunidad a la gente a la que él pertenecía. El pudo trascender toda la adversidad que lo persiguió desde chico, fue un líder regional y nacional, traspasó las fronteras patrias para que lo conocieran en todo el mundo. La gente lo ve como un símbolo para tener un mundo mejor”.
La mujer que dejó a Villa
Según Rosa Helia, Luz Corral fue el gran amor de Villa. Una de las anécdotas que cuenta es que cuando Venustiano Carranza lo declaró fuera de la ley, Villa ordenó a Luz que se llevara a todos sus hijos, los de ella y demás mujeres, a Cuba; y se creó un vínculo bastante fuerte entre Luz y sus descendientes.
Durante un tiempo, la autora tuvo trato con Luz Corral y en alguna ocasión le preguntó cómo pudo soportar saber que su esposo tenía otras mujeres. Ella contestó que quizás tenía sangre musulmana, pero lo cierto era que si no lo aceptaba de esa forma, entonces lo perdía y no quería eso, por eso soportó las infidelidades.
Aunque la historia de Luz Corral es el hilo conductor de la novela, la autora contó una historia que es cercana a ella, la de su abuela Guadalupe, una de las tantas historias tristes del general, pero quizás el único caso en el que la mujer lo dejó.
“Nadie me quería contar la historia de amor de mi abuelo y mi abuela, porque fue para la familia de ella deshonrosa, dolorosa. Hace años el honor familiar era importante y era terrible que la niña se enamorara de un señor que además era casado, se embaraza y tiene un niño, que es mi padre. Pasaron 80 años para que mi abuela soltara la historia, y éste fue el elemento detonador para mi demencial esfuerzo por escribir una novela, que he concluido que me la dictó mi abuela”.
Guadalupe y Villa se conocieron en Chihuahua en septiembre de 1913, una época en la que el general estaba en la cumbre de su gloria. Estaba lloviendo, Guadalupe y Natalia, su hermana, andaban de compras en el centro cuando pasó el coche de Villa y las salpicó. Se dio cuenta el general y ordenó detenerse a su chofer. Ofreció una disculpa a la joven muchacha, misma que fue aceptada.
“Yo imagino que en el encuentro la mirada de Villa y Guadalupe fue explosiva. Cuando se va Villa le dice: ¿dónde la vuelvo a ver chula? Mañana, a la salida del catecismo, respondió mi abuela. Al día siguiente llegó el general puntual a la cita y la niña, loca de amor, se sube al auto y se van juntos. Pero su hermana Natalia les cuenta a los padres.
“Ellos se fueron a un parque, alrededor del cual estaban las casas de los notables y cuando regresó a la casa Guadalupe, el papá, mi bisabuelo, ordenó que se la llevaran al rancho cerca de Ciudad Cuauhtémoc. Villa no la encuentra y ordena a su gente que investigue quién era y dónde estaba.
“Le informan a los pocos días de quién era hija, qué hacía su padre y dónde estaba. Le comentaron a Villa que el padre tenía un gran defecto: el juego. Villa ordena que cuando lo vean jugar, le avisen. Así fue, y cuando llega Villa se encuentra que el padre de Guadalupe había perdido dinero. Villa le pide para jugar, y le propone: ‘si usted gana le repongo lo que ha perdido. Si gano yo, también le repongo lo que ha perdido, pero usted me da a su hija Lupe’. ¿Adivinen quién ganó?
“En esas épocas, la mujer era un costal de papas, se jugaban a la mujer, pero más bien Villa se estaba jugando el derecho a cortejarla. Nada más que mi bisabuelo sabía que Villa era casado. Mandó un telegrama a Lupe, en el cual le pedía que lo esperara en los andenes del tren”.
“La madre de Guadalupe dedicó a la corte celestial que su hija regresara virgen y cuando se entera que está embarazada, reniega de su fe católica, baja de todas las paredes de su casa los rosarios, imágenes, escapularios, todo lo que huela a Iglesia católica. Lo junta, se va al rancho y los quema. No podía creer que el mismo obispo de Chihuahua los hubiera casado sabiendo que Villa era casado. Luego se volvió a la Iglesia metodista.
“Tiempo después mi abuela dejó a Villa y se vuelve a su casa. No sé por qué lo dejó, pienso que por soledad o por celos. Quizás porque se dio cuenta que la razón de la vida de Villa era la Revolución”.