Tlaskamati

domingo, 12 de septiembre de 2010

Los caminos del viento



Palabras de agradecimiento, al recibir el Premio Stig Dagerman, en Suecia, el 12 de septiembre, 2010)

Querido Stig:

Ojalá seamos dignos de tu desesperada esperanza.

Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.

Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.

Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas locas las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.

Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.

Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.

Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.

Wole Soyinka, el rey de una tribu



Parece el rey de una tribu. Su imagen desprende autoridad y dignidad. También su biografía y su obra. El primer Nobel africano de Literatura defiende el poder de la tierra y ataca la banalización de los valores.
Wole Soyinka nació en Beokuta (Nigeria) en 1934 y recibió el Nobel de Literatura, el primero para un escritor africano, en 1986. No solo le resta toda importancia a esta distinción, sino que, según sus declaraciones, le ha venido importunando sin tregua. Fuerte, apuesto, seguro de sí y curtido por numerosas peripecias que amenazaron su vida, sus palabras pesan como las de un ser humano que ha extremado sus fuerzas de supervivencia.
Las palabras frente a las armas

Vicente Verdú
A FONDO
Nacimiento:
1942
Lugar:
Elche



“conozco a mis hijos, pero no los cuento. da mala suerte contarlos”
“en la cárcel no me permitían leer ni escribir. recurrí a las matemáticas”
“Creo en las rocas y en los mares, pero no en los países”

Pasó 22 meses incomunicado en una cárcel por su oposición al régimen dictatorial y militar que gobernaba su país. Ser un constante perseguido durante décadas ha construido una parte de su personalidad. La otra parte, además de la política, la componen sus novelas, sus poemas, sus ensayos y, especialmente, sus piezas de teatro, que él destaca como el mejor medio de comunicación.
En la actualidad, Soyinka, convertido en un símbolo de la democracia y de la liberación de las poblaciones oprimidas, viaja por todo el mundo e imparte clase regularmente en Los Ángeles, adonde marchó en 1997, tras ser acusado de traición por el dictador Sani Abacha, para refugiarse junto a algunos miembros de su familia.
Acostumbra a pedir dos dedos de aguardiente cuando empieza una conversación; así lo hizo en esta ocasión en Londres, aunque apenas bebió, solo tocaba de vez en cuando el vaso. Su figura recuerda, en cierto modo, la de un rey tribal, con sus pelos alzados, blancos e hirsutos y su mirada que podría penetrar la oscuridad. No en vano es un cazador casi perfecto.
Usted parece un hombre muy fuerte y un apasionado cazador. Sí. Es una forma que tengo de relajarme, de desaparecer.
¿Qué suele cazar? Cualquier cosa que sepueda comer. Yo no voy de caza para colgar trofeos. No cazo lobos ni animales así. Cazo animales tradicionales de caza con mi compañero o voy yo solo…
¿Solo? Sí. A veces. Pero normalmente, si quiero cazar jabalíes, voy con más gente.
¿En Nigeria? En Nigeria, siempre en Nigeria. Bueno, una o dos veces en Estados Unidos, pero no me gusta cazar allí. Está demasiado regulado.
¿Y cómo soporta esta intensa vida nómada que lleva, entre cursos, reuniones y conferencias por todo el mundo? Básicamente donde me siento bien es en casa, en mi país. Simplemente porque es aquello a lo que estoy acostumbrado. Allí nací y ese es mi entorno. A veces mi relación con el mundo exterior adopta la forma de una dialéctica entre lo extranjero y mi lugar, eso es verdad, pero como la mayor parte del tiempo lo paso fuera de mi entorno llego a sentir que no estoy ni aquí, ahora en Londres, ni en ningún sitio. Los seres humanos, sobre todo en la época moderna, son seres viajeros. Pero creo que si pudiera elegir, el 90% del tiempo lo pasaría en mi casa.
Pero ahora vive en Los Ángeles. Sí. Desde la época en que me exilié en 1997 y que yo llamé, de forma un poco eufemística, un “año sabático político”, es decir, seguir con mi lucha política del interior en el exterior.
Y da clase en la Universidad de Los Ángeles. Sí, ahora sí. Es interesante cómo llegué a instalarme en Los Ángeles. Cuando saqué a mi familia de Nigeria, al principio quería dar clases en Harvard, pero hacía demasiado frío para mí, así que mebajé a los trópicos, a la Universidad Emory de Atlanta. Cuando estaba en esa Universidad, el Gobierno nigeriano creó consulados en dos lugares de Estados Unidos: en Atlanta y en Houston. El Gobierno de mi país había identificado lo que consideraba los bastiones de la resistencia contra Sani Abacha y crearon un consulado en Houston y otro donde yo estaba, en Atlanta. Pensé que mi familia estaba en peligro y nos trasladamos al otro extremo de Estados Unidos.
En su experiencia personal, el aspecto político ha debido de ser una carga constante de su vida. Básicamente, si tuviera que elegir, todo lo que haría sería escribir y enseñar; creo que tengo buen instinto para ser profesor. Me gusta dar clase en la universidad y abrirles la mente a los estudiantes; disfruto dando clase.
¿Cree que su vida en general ha mejorado tras el Nobel de 1986? No, no. Si hubiera podido elegir, si llego a saber lo que iba a significar, le habría rogado a la Academia Sueca que me dieran el dinero y le concedieran el premio a otra persona. Está claro que es imposible, pero yo les habría dicho: “Dadme el dinero sin que nadie se entere y que el Premio Nobel de este año se lo lleve otra persona”. Es un problema. Yo conocí a García Márquez en Cuba un año después de ganar el Nobel, a él se lo habían concedido unos años antes. Y me preguntó: “¿Qué tal te va, hermano?”. Y yo le contesté: “Es un infierno. Espero que acabe pronto”. Y me dijo: “No, no se acaba nunca”. Ojalá le hubiera creído en esa época, porque habría tomado ciertas precauciones. Pero pensé: “Está exagerando”. Y no exageraba. Tenía toda la razón.
¿Y ahora, casi 25 años después? Pasado un tiempo después de que me concedieran el Premio Nobel, me fijé una fecha para jubilarme. Ni se imagina lo pronto que era. Pensaba en jubilarme, dejar de dar clase, apartarme de la vida política, de todo, y sencillamente dedicarme tan solo a escribir. Todo el mundo tiene una visión de sí mismo, de lo que quiere hacer. Yo tengo la mía, así que me puedo jubilar. Eso pienso.
Pero no se jubila. García Márquez envió una nota a sus amigos y colegas con unas cuantas lecciones que había aprendido a lo largo de su vida en la que decía que se apartaba de la vida pública porque tenía cáncer, como sabe. Y ha acatado esa decisión al pie de la letra. Permítame, por tanto, que le diga algo que he aprendido de él aunque no esté de acuerdo con todo lo que decía en su carta: en los últimos meses he visto que cuando estás débil y expuesto al ataque de un cáncer, ya sea un cáncer fisiológico o político, ocupado en actividades que destruyen lo que realmente quieres hacer, es una cuestión moral y de voluntad decir: “Me retiro”. No hace falta esperar a sufrir un cáncer. Dices: “Hoy me retiro”. Y desapareces hasta que la gente se olvida de ti. Eso es lo que he aprendido de García Márquez. Y creo que trataré de imitarle.
¿Así que no recomienda a la gente que intente conseguir el Nobel? No. No se lo recomiendo a nadie.
Y su mujer, ¿qué opina de sus constantes viajes y ausencias? Creo que debería haber un premio más para las mujeres de los que ganan el Premio Nobel. La Academia Sueca debería concederles un premio similar a la condecoración con la que se distingue a los heridos de guerra. Pero, bueno, mi mujer lo sobrelleva maravillosamente.
Usted es un hombre físicamente fuerte, ¿no? No crea, también tengo mis achaques. No me considero un hombre fuerte. Sencillamente, tengo suerte. Algunas personas tienen suerte por una razón o por otra. Yo no he tenido ninguna enfermedad grave. A veces me caigo cuando voy de caza, pero eso es casi todo.
Pero también es fuerte para viajar y escribir al mismo tiempo. No creo que escribir sea fácil para nadie, lo que pasa es que aprendes a adaptarte al ritmo de escribir. Antes me enredaba muchísimo y eso hacía que estuviera casi siempre agitado. Mi idea, después, fue esconderme en mi estudio y escribir allí. Hace años no podía imaginar ninguna otra forma de escribir que no fuera recluido en mi estudio, pero luego llegó un momento en el que me convertí en un fugitivo permanente. Tuve que empezar a escribir allí donde estuviera…
En aviones, en taxis… En aviones sobre todo. Te aíslas del mundo. Puedo escribir en la sala de espera del aeropuerto, en el hotel, en cualquier parte. Y durante ese tiempo me siento totalmente apartado del resto del mundo.
Tiene buena capacidad de concentración. Sí, es lo que he comprobado. He tenido mucha suerte en esto.
¿También le ayudó cuando estuvo preso? Estuve 27 meses en la cárcel y otros 22 incomunicado. Lo más difícil de soportar fue que no me permitían ni leer ni escribir. Hacerle eso a un ser humano es atroz, sobre todo si es alguien que ama el mundo de los libros. En ese aislamiento tuve que dejar de lado cierta creatividad en favor de otros ejercicios mentales.
¿Cuáles? Lo primero es medir tu entorno físico, porque necesitas cosas físicas para escribir. A veces, cuando me acuerdo de esa época, me parece ridículo que una novela pudiera salir de una circunstancia así, pero yo soy bastante surrealista. Al principio escribía poemas muy breves que pudiera memorizar. Otras veces raspaba con una piedra las paredes para escribir.
¿No tenían papel ni lápiz? Nada de nada. Está prohibido. Pero luego me dije: ¿Qué más puedo hacer para ejercitar el cerebro? Y pensé: matemáticas. En el colegio las odiaba. En cuanto pasaba de curso tiraba el libro de matemáticas por la ventana. Para mí eran una verdadera tortura. Pero en la cárcel pensé: Voy a retomar esa asignatura que tanto odiaba. Y no fue una tortura, sino que me resultó fascinante. Me di cuenta de algunos aspectos estéticos de las matemáticas que tanto me frustraban en el colegio.
¿Por ejemplo? La forma que tienen las ecuaciones y la relación de esas formas matemáticas, que traducen el triángulo, el rectángulo, el rombo, el círculo, etcétera, a meros principios matemáticos. Me pareció fascinante. Así que recuperé lo que me gustaba de las matemáticas, llegué a recordar todas las fórmulas, y me puse un montón de ejercicios, la ley de las permutaciones y combinaciones, ecuaciones algebraicas. Las ecuaciones de segundo grado no las podía hacer sin un libro, pero por lo menos llegué a dominar las algebraicas… Me llevó días recordarlas, así que el tiempo se me pasaba volando. Por ejemplo, me despertaba por la mañana e intentaba acordarme de la ley de las permutaciones, es decir, cuántas combinaciones puedes hacer con seis elementos distintos. Al trabajar sin ayuda, me llevaba días, y era siempre un proceso de ensayo y error. Dibujaba rayas en la pared, en el suelo… Todo ello me ayudaba a tener la mente ocupada. Más tarde conseguí hacer una pluma y tinta a base de café, y seguí experimentando con el papel higiénico y con el papel de los cigarrillos que nos daban. Al final construí un pequeño escondrijo donde ocultaba el rollo de papel higiénico; también hice un agujero en el suelo. Todo tipo de subterfugios que se me ocurrían y desarrollaba a través de un proceso muy lento.
Usted tituló el libro en el que cuenta su experiencia en la cárcel ‘El hombre muerto’. ¿Qué puede decir de eso? Se refería a un acontecimiento real, porque el libro era una diatriba contra las dictaduras militares. Y el ejército de esa época mató a un asistente mío. Tuvo una herida muy grave y le tuvieron que amputar la pierna. El libro habla sobre todas las veces que pregunté por ese joven, hasta que un día llegó un telegrama que decía tan solo: “El hombre murió”. Y pensé que también a mí me pasaba algo parecido.
¿Se sintió morir? Sí. Sentía que el país había muerto, que había capitulado ante la dictadura. Yo a veces he comparado la situación de Nigeria bajo la dictadura militar con la experiencia española con Franco. La gente capituló, empezó a poner excusas, empezó a racionalizar aquello contra lo que había luchado y fue entonces cuando el hombre murió dentro de todos nosotros.
Nigeria ha sido una tragedia permanente en su vida. No puedo decir lo contrario, por desgracia. Me encantaría. He intentado olvidarme. Estuve varias veces en el exilio y me dije: Se acabó, tengo que dedicarme a mis libros. Ahora bien, en cuanto llegaba alguna amarga noticia desde allí se colaba entre mis defensas y me daba cuenta de que no me había olvidado en absoluto de Nigeria. Dicho esto, permítame que le explique una cosa. Yo no soy patriota, no creo en ese constructo llamado “país”. La palabra “patriotismo”, en mi opinión, tiene muchas connotaciones. A veces se utiliza de forma oportunista, como una excusa para imponer una definición muy cuadriculada de la humanidad y de uno mismo. Para mí, eso es lo que significa la palabra “país”. Pero le tengo aprecio a la humanidad, la humanidad con la que crecí, la humanidad con la que me identifico, la que forjó mi personalidad. Le tengo aprecio a los mares, a las rocas… Pero esa cosa que se llama “país”… Escribí un artículo una vez en el que dije: “Que se mueran los países”. Cuando hablo de Nigeria como país, no hablo de ese constructo artificial que incluso se nos impuso sin nuestro consentimiento cuando el Imperio británico dividió el continente. Y cuando la gente va a la guerra, como nosotros lo hicimos, para preservar las fronteras nacionales, la circunstancia es de lo más estúpida, porque matas y mueres por el constructo ideado por otra persona.
¿Usted tiene todavía familia allí? Mi familia está desperdigada por todo el mundo. Incluso uno de mis nietos trabajó para u n Gobierno al que odiaba, el Gobierno del último régimen. Es lo que pasa; yo elegí mi profesión, él eligió la suya. Somos independientes y yo les animo a que sigan su propio camino.
Usted viaja por todas partes, ha visto la crisis en diferentes países, los efectos de la globalización, todas esas cosas que nos han cambiado la vida. ¿Cuál es su opinión de este nuevo mundo? Pienso que la globalización es inevitable. Uno tiene que aceptar que la globalización ha formado parte del mundo desde que se empezó a viajar. La expansión de las religiones es una forma de globalización y el comercio ha transferido la cultura, las costumbres y las convenciones de un sitio a otro. Esto tiene a veces como resultado una colisión, y otras veces, una simbiosis. El cristianismo intentó globalizar el mundo. El islam, también. Y, en la actualidad, algunos aspectos del islam siguen queriendo globalizar el mundo. La cultura en sí, en términos generales, se está globalizando. El problema empieza cuando la globalización se vuelve peligrosa, cuando la salud económica de una zona se consigue a expensas de un lugar más débil en el que los bienes se exportan de tal forma que hace que otros países se conviertan en marionetas. Y así nos encontramos con esas empresas manufactureras en Filipinas que fabrican allí una sudadera que luego se envía a Europa, donde se vende muy cara, mientras que los trabajadores están cobrando el sueldo mínimo. Ese es el aspecto de la globalización que me parece negativo y degradante. Pero en cuanto a la circulación de bienes, si funciona no necesariamente con una igualdad absoluta, sino simplemente con respeto a los seres humanos que los fabrican y a su cultura, si ayuda a fomentar esa cultura, la globalización debe considerarse positivamente. Así que no es la globalización per se, sino la recolonización de otras partes del mundo a través de medios económicos, lo que es negativo. Es negativa la banalización de los valores, la creación del consumismo como menor denominador común. Mucha gente reacciona ante expresiones como “globalización” como si el diablo estuviera a punto de entrar en la conversación, pero yo veo la globalización como la consecuencia inevitable de que se hayan acortado las distancias. ¿Cómo puede no haber globalización si puedes estar sentado en un rinconcito de un minarete en Irán y comunicarte con el resto del mundo? Este hecho, a pesar de las tristes restricciones que aíslan a sociedades, ya ha englobado el mundo y, en cierto sentido, los países retrógrados y regímenes malvados como el de Irán reciben los efectos liberadores de la globalización.
¿Piensa que esta coyuntura no es solo una crisis económica, sino también de valores? Es una crisis de valores también, sobre todo aquellos que se pueden comunicar a través de la tecnología. Creo que algunas organizaciones, como la Unesco, lo reconocieron en un momento dado. La Unesco y otras organizaciones intentaron crear lo que ellos denominaban un “nuevo orden de comunicación”. Pero no he oído hablar mucho de eso últimamente. Y es una pena que una respuesta así acabe en agua de borrajas.
Ha sido un placer la charla. Le deseo mucha suerte en la vida. Muchas gracias. Pero ¿mi vida? Acepto mi vida, pero si tuviera alternativa, es muy posible que eligiera otra. Aunque sí, creo que he tenido suerte. Esta segunda vuelta de mis siete vidas, porque, como sabrá, se supone que un gato tiene siete vidas y yo he utilizado ya la primera vuelta, podría decirse que no está mal.
¿Se siente, pues, satisfecho? No sé si estoy satisfecho. La verdad es que no pienso en eso. Pero poder tomar decisiones es el aspecto más satisfactorio de una persona, y la mayor parte de mi vida he podido tomar mis propias decisiones, acertadas o equivocadas, eso da igual. Creo que la gente tiene que tomar decisiones, y eso es lo que nos distingue como seres humanos.
¿Usted no tiene ningún sentimiento de culpabilidad que le torture? ¿Tortura mental? No, no la tengo. Intento vivir sin arrepentimientos. Si cometo algún fallo, si tomo una decisión equivocada, tengo que vivir con eso, estoy preparado para aceptar las consecuencias.
¿Qué tal la relación con sus hijos? Con mis hijos la relación es muy buena. Es difícil, pero al final… Uno está dando clase en Estados Unidos, dos están en Inglaterra, uno está trabajando en algunaparte, otro está en Ghana. Se ganan la vida con profesiones muy distintas.
Usted se ha casado dos veces. No, me he casado tres veces. No salieron bien las cosas
Cuéntemelo. No me gusta mucho hablar de mi vida privada.
¿Dos de sus hijos son del primer matrimonio? No los cuento. En nuestra cultura creemos que da mala suerte contar a los hijos, así que lo único que digo siempre es que los dioses han sido excepcional y misteriosamente amables conmigo en cuanto a los hijos. No los cuento, pero los conozco a todos. A veces, las tradiciones vienen muy bien.
Parece usted un hombre al que le ha resultado fácil seducir a las mujeres. No sé. Eso lo tienen que decir las mujeres.
¿Pero cuál es su impresión? No tengo ni idea. He de decir que con algunas mujeres tengo muy buena relación, y con otras, muy mala. Eso es todo lo que puedo decir. Estoy de acuerdo en que las mujeres son muy importantes en la vida. Estimulan la vida.
Y son una buena fuente de inspiración. Sí, eso sin duda. Y uno las necesita. Igual que pienso que las mujeres necesitan a los hombres. Por eso existen los hombres y las mujeres. Por la razón que sea, a algunas personas nos gusta mucho la soledad, nos podemos pasar días, semanas y a veces meses solos. Pero a pesar de eso, sabemos muy bien que las mujeres son una parte muy importante incluso de nuestra propia soledad.

Las palabras frente a las armas
Dos rasgos le convierten en un personaje que ocupará un lugar destacado en la historia, por encima de la calidad indudable de su literatura: ha sido el primer africano en conseguir el Nobel de Literatura, en 1986, y se ha convertido, como Nelson Mandela, en un icono de la lucha por la justicia y la democracia en ese continente, y en general de la defensa de los derechos humanos.
Entre sus obras, destacar que RBA acaba de publicar su libro de memorias, Partirás al amanecer (autobiografía en zigzag y alegato político), y que Bartebly Editores ha sacado también este año Lanzadera en una cripta, con los poemas que escribió en la cárcel, donde estuvo por criticar la dictadura en su país, Nigeria.

martes, 7 de septiembre de 2010

Noche tormentosa


Te asusta el viento Santa Inés?
La tormenta te da miedo?
Eres pura gota de lluvia,
Te mece Tláloc y Poseidón fuma un cigarro.
Mientras tú duermes,..Yo vigilo tu miedo,
Protejo tu sueño. Y el amor?
El amor, te lo guardo…



Doropeatón

domingo, 5 de septiembre de 2010

Slim: uno de los 100 influyentes en la era digital




El mexicano Carlos Slim se ubica en la posición número 31.
Carlos Slim, el empresario mexicano presidente de la compañía de telefonía América Móvil, es una de las 100 personas más influyentes del mundo en la "era de la información".
De hecho, el mexicano se ubica en el número 31 del listado, por encima de James Cameron (director de "Avatar"), Ariana Huffington (Huffington Post), Steve Ballmer (presidente de Microsoft), entre otros.
La publicación destaca la compra que Slim realizó de acciones de The New York Times como una de sus decisiones más importantes. Pero también resalta otra de sus características.
"En promedio los mexicanos ordinarios ganan sólo US$13.500 al año, menos del 0,0000003% de la formidable fortuna de Slim, la más grande del mundo", publica la revista.
¿Quienes se destacan?
Según Vanity Fair, la persona más influyente del mundo en la era digital es Mark Zuckerberg, presidente ejecutivo de la red social Facebook.
Los 10 más influyentes

Mark Zuckerberg, Facebook
Steve Jobs, Apple
Sergey Brin, Larry Page y Eric Schmidt, Google
Rupert Murdoch, News Corporation
Jeff Bezos, Amazon
Bernard Arnault, LVMH
Michael Bloomberg, Bloomberg L.P
Larry Ellison, Oracle
Evan Williams y Biz Stone, Twitter
John Malone, Liberty Media


Facebook cuenta con más de 500 millones de usuarios y la publicación asegura que sus ganancias podrían llegar a US$2.000 millones este año. Su lado débil, sin embargo, serían los cuestionamientos al manejo de privacidad en su sitio.
En la segunda posición se ubica Steve Jobs, presidente ejecutivo de Apple. La revista dice que Jobs conquistó el mercado musical y de teléfonos inteligentes y ahora miraría hacia la industria editorial con el lanzamiento del iPad. Su talón de Aquiles: las fallas del iPhone 4.
El tercer escalafón es conquistado por Sergey Brin, Larry Page y Eric Schmidt, de Google. El ascenso de su sistema operativo Android para celulares es una de las razones por las que se encuentran en la cima. Pero es también el factor por el que están enfrascados en una batalla con Jobs, a quien -según Vanity Fair- veían como su mentor.
Entre las primeras 10 posiciones también aparece Jeff Bezos, de Amazon, y Evan Williams y Biz Stone, el dúo detrás de Twitter.
Según la revista la lista involucra a "creadores, empresarios y pensadores globales que generan tendencias, forman opiniones y establecen la agenda en el mundo de la tecnología, los medios y el entretenimiento".


BBC Mundo, Tecnología

sábado, 4 de septiembre de 2010

Tabasco, el Eden inundado


Tabasco a 2 años de su gran inundación y despues de que está a punto de repetirse la historia. Dejo aquí este poemita al Eden del sureste Mexicano...como un gesto de solidaridad!



Tu eres el suelo que me abrigó,
sin reproches me abrasaste,
me has dado de comer, amigo;
con tu calor he sudado aire fresco
manantial de franqueza,
de lagrimas ahora yaces cubierto.

Perdiste muchas cosas en un alba,
pero te queda tu coraje,
tu valor, pariste mis hijos,
me diste para dar forzuda,
forzuda tierra estas cubierta;
de lagrimas que desbordó tu Grijalva.

Que pensaran tus políticos corruptos?
No lo sé, lo que sé es que no sienten,
están llenos de Maquiavélico pragmatismo.
Tus versos… Me los quitó Pellicer,
pero me sobra agradecimiento, humanismo,
de lo que eres Tabasco, hoy, ayer...

Por eso me dueles, pero creo en ti.
Saldrás adelante cual pueblo Bravío,
tomarás pozol, con tu cacao y pantano,
y dirás gracias al gran Mexicano,
que ha tendido la mano para regresarte;
algo que tu has dado, Tabasqueño hermano.



Doropeatón

miércoles, 1 de septiembre de 2010

El hombre mas viejo del mundo, Galeano




Era verano, era el tiempo de la subienda de los peces, y hacía ciento veinticinco veranos que don Francisco Barriosnuevo estaba allí.— Él es un comeaños –dijo la vecina. Más viejo que las tortugas.La vecina raspaba a cuchillo las escamas de un pescado. Don Francisco bebía un jugo de guayaba. Gustavo, el periodista que había venido de lejos, le hacía preguntas al oído.Mundo quieto, aire quieto. En el pueblo de Majagual, un caserío perdido en los pantanos, todos los demás estaban durmiendo la siesta.El periodista le preguntó por su primer amor. Tuvo que repetir la pregunta varias veces:— Primer amor, primer amor, ¡primer amor!El matusalén se empujaba la oreja con la mano:— ¿Cómo? ¿Cómo dice?Y por fin:— Ah, sí.Balanceándose en la mecedora, frunció las cejas, cerró los ojos:— Mi primer amor...

El periodista esperó. Esperó mientras viajaba la memoria, destartalado barquito, y la memoria tropezaba, se hundía, se perdía. Era una navegación de más de un siglo, y en las aguas de la memoria había mucho barro, mucha piedra, mucha niebla. Don Francisco iba en busca de su primera vez, y la cara se le contraía como un puño.El periodista desvió la mirada cuando descubrió que las lágrimas estaban mojando los surcos de esa cara estrujada.

Y entonces don Francisco clavó en la tierra su bastón de cañabrava y empuñando el bastón se alzó de su asiento, se irguió como gallo y gritó:— ¡Isabel!Gritó:— ¡Isabeeeeel!

(Eduardo Galeano)